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lunes, 22 de noviembre de 2010

Se merece una sajadura

Me veo impotente en clase para intentar explicar a mis alumnos de 1º de bachiller lo que está sucediendo en el Sahara (o Sáhara) Occidental. Mis pupilos arrastran demasiadas carencias y olvidos como para poder entrar bien en materia y espero poder hacerlo más adelante.

¿Qué a qué me refiero con carencias y olvidos? Pues esta tarde, corrigiendo exámenes de clima de 2º de bachiller me he encontrado con el siguiente ejemplo: ¿cómo es posible que un alumno de este nivel sea capaz de escribir en el examen "sajara" para referirse al desierto que hay en el norte de África? Así de sangrante, en minúscula y con jota.


Y es que hay algunos que sí se merecen una sajadura.

sábado, 29 de agosto de 2009

Una de blues


Una de mis manías es revisar de cuando en cuando (y siempre que tenga algo de tiempo) las revistas de música que tengo apiladas porque es bastante entretenido releer entrevistas a héroes de juventud, leer críticas de discos recien salidos que luego se convirtieron en clásicos...

Esta mañana estaba leyendo una Rock de Lux del año 94 en la que se hacía una entrevista a este músico de Mali, absolutamente desconocido por mí.


¿Por qué mencionar esto aquí en la Odisea? ¿No sería mejor en el Morrow Comin'? Quizás, pero el señor se despachaba en una sóla página de entrevista con una serie de afirmaciones rotundas que me han gustado. Os las pongo aquí por su claro contenido histórico y geográfico:


En Europa podéis decir que hago blues africano o lo que queráis. Yo sólo continúo la tradición de mi pueblo, que
se remonta a una quincena de siglos.

Para mí lo que hace John Lee Hooker
(aquí se refería a todos los bluesman estadounidenses) es música africana, aunque sobre ella se dedica a cantar en otro idioma, en este caso en inglés.

Para mucha gente, decir Tumbuctú es decir el fin del mundo, pero eso no es verdad. Soy de Tumbuctú y puedo deciros que estamos justo en el corazón del mundo.


Algo de lo que dice puede servir para despertar a algunos países, nosotros mismos, que nos creemos el ombligo del mundo, principio y fin de todas las cosas.